miércoles, 27 de julio de 2011

Cuadernos de paz

Definir Cuadernos de la paz pareciera resultar más pertinente desde lo que no es. En cualquier caso, no es un partido político ni mucho menos un movimiento... es más bien lo que se opone al movimiento: una fricción en el sentido que le da la física a la palabra. Sin embargo, es imposible desligarlo de lo político, en el buen sentido de la palabra (si es que hubiere mal sentido) y por lo tanto de un movimiento en otro sentido, en uno diferente.

Cuadernos de la paz son cuadernos -en plural- en la forma más antropológica de la palabra: diarios de campo para tomar notas susceptibles de ser hechas, rehechas, deshechas... o bien desechadas. Pero en este caso, ya se habrá engendrado un irreversible rizoma de paz.

He reiterado que la palabra tiene sentidos, pliegues. ¿Cuáles son los de la paz? Probablemente haya más de lo que estamos dispuestos a imaginar, pero por esta vez quiero referirme por lo menos a tres de ellos que nos servirán como una especie de caja de herramientas:


  1. La Pax Romana: Una relación no dialéctica entre guerra y paz

Un óleo barroco de la escuela flamenca representa a Pax y a Marte siendo protegidos por Minerva (la sabiduría, las artes y las técnicas de guerra).1 Probablemente esta ausencia de oposición entre la paz y la guerra trascienda los límites de la mitología. En 24 a. C. César Augusto cerró las puertas del Templo de Jano. Se cerraba un ciclo: la guerra. Se había logrado la paz, por un lado mediante el sometimiento de los pueblos que abarcaba el Imperio Romano y por otro mediante el permanente combate contra los vecinos. Se dice que este período llegó hasta la muerte de Marco Aurelio en 180 d.C, sin embargo, el primer Concilio de Nicea, convocado por Constantino el Grande, reflejó los enclaves homogenizadores que habían quedado de la Pax Romana.

  1. El abrazo entre Bolívar y Morillo: ¿paz dentro de la guerra?

Pese a la fama que hoy conserva Pablo Morillo, El Pacificador, debemos -seamos o no bolivarianos- reconocer que uno de sus grandes triunfos fue lograr el Tratado de Armisticio y Regularización de la Guerra en contra de la Guerra a Muerte propuesta hasta entonces por El Libertador. La Casa de la Guerra a Muerte, entre otras, en el Estado de Trujillo (Venezuela) es un documento que atestigua hasta nuestros días el acuerdo entre Morillo y Bolívar.2

  1. Palestina: Un desafío a Hannah Arent

Dice Hannah Arent en Sobre la violencia3 que la violencia puede ser justificable pero nunca será legítima. -y añade:- Su justificación pierde plausibilidad cuanto más se aleja en el futuro el fin propuesto”. Tal vez por haber confiado, hasta entonces, plenamente en esto el mundo se llevó una gran sorpresa cuando Hamas ganó las elecciones parlamentarias de enero de 2006 con un amplio margen (76 de 132 escaños).4 Podemos apelar a innumerables ejemplos, unos más cercanos y recientes que otros.

El primer caso nos es útil para comprender que la guerra y la paz no han sido percibidas en una relación de oposición de forma universal. Esto es una representación en la que se suele recurrir y que, sin ser necesariamente falsa, puede contribuir a generar muchas expectativas sobre la paz. Como decía Estanislao Zuleta en Sobre la guerra: “...lo más urgente cuando se trata de combatir la guerra es no hacerse ilusiones sobre el carácter y las posibilidades de este combate”.

El segundo caso, además de esto, nos aportó -en términos históricos- gran parte de las bases para pensar en la posibilidad de acuerdos dentro de la guerra.

Por su parte, el tercero, nos aporta -en toda la gran complejidad del conflicto árabe-israelí- por lo menos una herramienta conceptual: por un lado, debemos a Arafat la noción de la paz como lo que se negocia con los enemigos, sin embargo podríamos decir que la guerra también comparte esta característica. Ni la guerra, ni la paz se incluyen en los negocios que se efectúan con los amigos.

En los tres casos, la frontera entre la guerra y la paz parece tan difusa -y confusa- que establecer en qué consiste la diferencia alberga una dificultad no despreciable. Para tratar de responder provisionalmente a esto podemos acudir a la inversión que hace Foucault de una sentencia de Clausewitz. Clausewitz había dicho que “...la guerra es una mera continuación de la política por otros medios”5 a lo que Foucault replica que es precisamente al contrario.6

Los preceptos básicos de la ética del trabajo nos dicen no sólo que el trabajo es el estado normal de las personas, sino además que trabajar es un valor en sí mismo. Pero además, es necio y moralmente dañino conformarse con lo ya conseguido. No es suficiente con producir, hay que producir algo que los demás consideren valioso y digno de un “pago”.

Probablemente la actividad que solemos llamar intelectual no sea considerada como tal en nuestra sociedad usualmente -la prueba de ello está en las cifras de trabajo infantil en aumento proporcional de las de deserción escolar-. Probablemente, en estos términos, no sea suficiente con intentar responder -aunque sea provisionalmente- a las diferencias entre la guerra y la paz. Probablemente haya que ir más allá e intentar ofrecer alternativas a lo que conocemos como la guerra y persuadir acerca de la conveniencia de la paz. Sin embargo, en el ejercicio de intentarlo tendremos siempre la certeza de estar trabajando en y para una de las dos: definitivamente es la paz.


Anexo I

Rubens Paul, Peter, Paz y guerra, National Gallery de Londres, Londres, Reino Unido.

1Ver anexo I - Rubens Paul, Peter, Paz y guerra, National Gallery de Londres, Londres, Reino Unido.

2Roth, Jacobo Antonio, Casa de la guerra a muerte, Centro de Historia, Venezuela.

3Arent, Hannah (2006) [2005] “Dos” en Sobre la violencia. Madrid, España / Alianza Editorial, pp. 71-72.

4BBC Mundo (2006). Mayoría para Hamas. Disponible en: http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/international/newsid_4652000/4652028.stm (Consultada en julio 25 de 2011)

5Clausewitz, Karl von “¿En qué consiste la guerra?” en De la guerra.

6Foucault, Michel “La guerra en la filigrana de la paz” en Genealogía del racismo La Plata, Argentina / Editorial Altamira, pp. 27-45.

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