viernes, 26 de agosto de 2011

¡Acepto los cargos! (Por Piedad Córdoba)

Antes de irse a cumplir funciones burocráticas en México, el señor José Gabriel Ortíz Robledo reabrió un programa de entrevistas que, salvo por su inocultable estilo cachaco, es una fiel copia de uno norteamericano. Para reinaugurar el programa, José Gabriel empezó pisando fuerte e invitó al entonces presidente Álvaro Uribe. Entre chiste y chanza el invitado de honor habló de todo un poquito y en algún momento recordaba los desagradables días en los que fue atacado por la otrora famosa gripe porcina. El malestar del primer mandatario habría podido parecer indescriptible de no ser por la muestra delatora de desespero que se le escapó en aquella entrevista: el abanderado de la Seguridad Democrática pensó, incluso, en pedir que le comunicaran conmigo. Quería “pedirle perdón a la Senadora Piedad Córdoba”. Si, perdón. Sí, a mí. Sí, el entonces presidente.
Una semana después, fui invitada al mismo programa en el que el buen anfitrión indagó sobre mi opinión acerca del particular evento. Sin ninguna duda y con poca vacilación respondí casi inmediatamente que no había nada que perdonar, nada. Hoy, después de que se ha descubierto que gran parte de las cosas que denuncié; hoy que se ha destapado una parte (pequeña) del gran complot que hay en mi contra; hoy que se sabe que los medios de comunicación contribuyeron en una campaña de desprestigio contra mí; hoy que sabemos que mis declaraciones no representaron ninguna exageración... hoy sigo diciendo que no hay nada por perdonar. No porque no haya existido agravio alguno en mi contra, sino porque, pese a que los hubo incontables e indecibles, creo, como dice Spinoza, que “quien se arrepiente es dos veces miserable”.
A quien es consecuente y coherente no se le pasa por la cabeza el arrepentimiento. Por eso, no dejo de esforzarme día a día por intentar conservar ambas virtudes -tan valiosas como ninguna- sino además la verticalidad en cada uno de los actos de mi vida, por más mínimos que parezcan. Evidentemente eso tiene un gran costo y sí que lo he tenido que pagar. Para la muestra un botón ¡y qué botón!: Hoy me encuentro fuera de mi país por amenazas contra mi vida, he soportado lo indescriptible y la persecución aún no cesa.
De cualquier modo, puedo decir con la tranquilidad que otros llaman cinismo que, como dice aquella canción de Edith Piaf: “No, nada de nada. No, no me arrepiento de nada” y que si se me acusa de pensar diferente, de tratar ser consecuente y coherente, entonces... ¡acepto los cargos!

Por: Piedad Córdoba Ruiz

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