sábado, 20 de agosto de 2011

Exilio y degradación

Como jóvenes que promovemos la paz y la salida dialogada al conflicto nos queda difícil entender ciertas cosas. ¿Por qué reconocer que hay un conflicto armado es razón para amenazar de muerte a alguien? ¿por qué abogar por la salida dialogada y no armada es válido para que alguien tenga que abandonar su patria, amedrentado?
Es frustrante y doloroso saber que quien nos representa, Piedad Córdoba, haya tenido que irse de Colombia por sus posturas ideológicas. Posturas que van desde lo físico hasta lo espiritual, valga decir. Posturas inamovibles que, por desgracia, y nos duele, no caben en un país carcomido por el odio y sus fanatismos patrióticos. Valga decir, entonces, que la patria no es otra cosa que una quimera ideológica representada por un fantoche que se pone la mano en el corazón cada vez que cantan el himno nacional. En Colombia, desgraciadamente, el nacionalismo no es otra cosa que el más asqueroso uribismo.
Ya nos quedó claro. Para ese estado de opinión no son válidos los matrimonios homosexuales, y, si fuera por ellos, tampoco sería válido que los negros tuvieran derechos.
Entendimos que, como las yucas, Piedad vale más enterrada que viva, según manifestó ese estado de opinión en Twitter, como que también sus hijos andan en el extranjero gozando de dádivas y becas que envidiaría cualquier colombiano.
Con Cuadernos, sin embargo, esperamos cambiar esas perspectivas. Para nosotros no es motivo de alegría que alguien tenga que abandonar el país por amenazas, y mucho menos por plantear salidas distintas a este conflicto armado que viene desangrándonos desde hace más de cincuenta años. No concebimos, bajo ninguna circunstancia,  que familiares y amigos de personas disidentes al gobierno anterior hoy tengan que verse sometidas a la degradación del exilio, de la expatriación, de la indolencia de muchos colombianos que se burlan de las circunstancias de la todavía senadora Piedad Córdoba.
Deploramos las infames declaraciones del expresidente Uribe, quien goza de cierta popularidad en decadencia, la cual va cayendo como coco de palma. Él se aprovecha de esto para que existan amenazas como las que hoy enfrenta Piedad y que, por fortuna, van perdiendo credibilidad entre electores y simpatizantes.
Estamos completamente confiados en que el nombre y la honra de nuestra senadora, que no ha sido destituida por el pueblo, serán restituidos, a la vez que su integridad física y moral, como las de sus hijos.
No siendo más, nos queda la opción de manifestar la profunda frustración que nos causa el no poder hacer nada más que escribir estas líneas y decirle a Piedad cuánto la queremos, la admiramos, la respetamos y la respaldamos. Que llegará el día en que todo esto se revierta y que, quienes tengan que abandonar el país por pensar distinto a ella, serán protegidos por un mandato justo y pluralista que acoja todo tipo de pensamiento e ideología, sin importar cuánto daño llegue a hacerle a la patria.
Piedad, sepa que usted no está sola, que somos decenas de miles de jóvenes que contamos con su apoyo y su protección.

Miembros de Cuadernos de la paz-

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